Los que cuestionan la propuesta de gobierno universitario formulada por los estudiantes consideran que la representación estudiantil propuesta es excesiva porque los estudiantes están en etapa de formación y los académicos tienen más conocimientos y experiencia.

Es importante clarificar en primer lugar que los estudiantes a rigor no están proponiendo un sistema de gobierno basado en el voto igualitario de todos los integrantes de la comunidad universitaria.

Esto se concluye al comparar la representación de los estudiantes, que son los que se alega deben tener una representación inferior, con la de los académicos -docentes y egresados- que son los que se argumenta deben dirigir la universidad por estar plenamente formados y por su mayor conocimiento y experiencia.

De acuerdo a la propuesta de los estudiantes, en el caso de la Asamblea Universitaria, los estudiantes tendrían apenas el 40% de la representación contra 60% de los académicos, que serían los docentes y egresados. En el Consejo Universitario la participación de los estudiantes sería del 33% contra 67% de los académicos y en los Consejos de Facultad sería del 25% contra 75% de los académicos.

A esto se suma que el voto de los docentes vale 7 veces más que el voto de los estudiantes, ya que existen 40.000 estudiantes y solamente 5.500 docentes.

En principio es importante que quien sea afectado por una decisión, pueda ser parte del proceso de toma de decisiones que le afectan en condiciones de igualdad con los demás afectados, lo que significa una persona, un voto. De igual manera, es importante que aquel que este en desacuerdo con la decisión adoptada por la mayoría pueda ejercer el derecho de oposición. La democracia es fundamentalmente un acto de justicia y solo en condiciones extremas debidamente justificadas puede privarse a las personas o disminuir sus derechos democráticos.

Hay situaciones en que puede admitirse un cercenamiento o una disminución de los derechos a la participación, cuando sea necesario para lograr un objetivo superior, que la participación podría socavar. En esos casos se conforman jerarquías que ejercen su autoridad y su poder. Por ejemplo, hay jerarquía de padres sobre hijos, cuando estos son niños y es necesaria una autoridad que pueda conducirles en esta etapa.

Puede haber jerarquía en un equipo de fútbol, donde el entrenador necesita de poder sobre sus dirigidos para lograr el objetivo deportivo. También en la empresa puede ser necesaria la autoridad del gerente sobre los trabajadores por motivos de eficiencia para ciertos aspectos del funcionamiento de la empresa.

El gran problema de las jerarquías es que se corrompen y se desvían de su finalidad original. Hay padres que maltratan a sus hijos. Empresarios que acosan a empleados. Directores que incurren en nepotismo y hechos de corrupción. Por ese motivo, es fundamental definir cuáles son las atribuciones puntuales que deben asignarse a esa estructura jerárquica y cuales no son necesarias. Y además, qué medidas adoptar para que no se corrompan esas jerarquías.

Puede ser admisible que en las universidades en general sea necesaria una limitación de los derechos democráticos de los estudiantes y otorgar atribuciones jerárquicas a los académicos buscando la eficiencia y el logro de los objetivos de la universidad. Siguiendo esta lógica, la representación de aquellos cuyos derechos deben ser cercenados, los estudiantes, debe ser inferior al de aquellos que tienen plenos derechos, los académicos, integrados por docentes y egresados que tienen más conocimientos y experiencia.

Esa es justamente la lógica objetiva de la propuesta de los estudiantes que otorga a los académicos mayor poder, pero ese poder no puede ser absoluto, a riesgo de que las jerarquías académicas se corrompan absolutamente, que es lo que ha ocurrido.

Además, la importancia y el tipo de medidas de contrapeso para evitar que las jerarquías se corrompan dependen del contexto. No pueden utilizarse las mismas medidas de contrapeso en una cultura con un componente fuerte de maltrato y abuso de los niños, que en una que no las tiene. No pueden utilizarse similares contrapesos en un país con un alto grado de corrupción y en otro con algo grado de integridad.

Por lo tanto, es necesario un sistema de contrapesos y balances, para impedir que la jerarquía se corrompa que sean adecuadas a nuestro contexto. Y en este punto ha desempeñado y desempeñará un rol importante la participación de los estudiantes que ha dado sobradas demostraciones que puede cumplir eficientemente ese rol de contrapeso en un país con un alto grado de corrupción.

La propuesta de los estudiantes se basa en la premisa de que a pesar de ser los estudiantes mayoría en la universidad, aceptan una representación minoritaria, bajo la premisa de que el poder otorgado a los académicos serviría para el logro de los fines de la universidad.

Los porcentajes de participación propuesto por los estudiantes son razonables y cumplirán la función fundamental de constituir un contrapeso para evitar la corrupción de las jerarquías, que afectó y continúa afectando a la universidad.

Por lo tanto, los académicos docentes y egresados deberían aceptar la propuesta estudiantil, que es moderada y racional y evitar las posiciones intransigentes que impiden el acuerdo.

Próximas notas en EL OBSERVADOR: EXPERIENCIAS DE PARTICIPACIÓN ESTUDIANTIL A NIVEL INTERNACIONAL (II), y ESTRATEGIAS PARA PROFUNDIZAR LA CALIDAD DE LA DEMOCRACIA EN LA UNIVERSIDAD (III).

Foto:Ultima Hora

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