KARINA– A nosotros realmente no nos interesa donde trabaja y cuantas horas trabaja…podemos encadenar a las personas a sus escritorios por 12 o 14 horas, pero eso no va mejorar la calidad de su trabajo…la cantidad de horas realmente no es un asunto importante…el tema es realmente crear un ambiente donde la gente se encuentre motivada a poner su esfuerzo, y algunas veces esa energía se manifiesta en la casa, a veces en el camino al trabajo y a veces en la oficina”. Es la visión de Laszlo Bock, vicepresidente de Google, responsable de la gestión de recursos humanos.

En los Estados Unidos, el Presidente Obama aprobó recientemente un Memorandum Presidencial, obligando a todas las instituciones públicas a fortalecer y ampliar los diferentes mecanismos que ofrecen mayor flexibilidad en el trabajo, haciendo mención específica de los horarios alternativos de trabajo y el trabajo desde la casa.

¿Que implicancias tiene esto para la teoría del planillero?
El cuestionamiento ciudadano al planillero es importante y justificado. Es una crítica a aquel que sin trabajar se beneficia con los recursos públicos. El planillero disimula su trabajo registrando su asistencia en planillas, o en sus substitutos de la era electrónica, para lo cual asiste al lugar de trabajo al solo efecto de registrar su asistencia, retirándose inmediatamente, o registra su asistencia con la complicidad de otro funcionario. La no asistencia es un indicador de que no esta produciendo los resultados para lo cual fue contratado.

Por otro lado, la asistencia al lugar de trabajo tampoco es garantía de que el funcionario está generando resultados, y peor aun, además de no generar resultados, al estar en el lugar de trabajo hace que el estado incurra en gastos adicionales como consumo de papel, teléfono y otros servicios básicos.

Es importante notar que el problema de fondo es la falta de producción y de generación de resultados por parte del funcionario, pero esta situación puede darse tanto con el que asiste regularmente como con el que no asiste.

Además, es posible también que un funcionario que no asiste de forma regular, no obstante, tenga alta productividad. De hecho en los casos mencionados de Google y del gobierno americano, el objetivo de flexibilizar los arreglos de horarios, es entre otros, aumentar la productividad.

En muchas empresas caracterizadas por su alta productividad un porcentaje importante de los trabajadores lo hace desde su casa, porque se ahorra el tiempo de desplazamiento hasta el lugar de trabajo, está sometido a menos stress, y tiene mayor productividad, particularmente en aquellos casos en que no necesita interactuar con otras personas.

Puede ocurrir también que la asistencia sea flexible, no sometido a un horario rígido. El sentimiento de autonomía y libertad de los funcionarios les empodera, les motiva y hace que sean mas productivos. La condición es que se logren ciertos resultados previamente acordados sin importar el cumplimiento de los horarios.

En conclusión, es correcto considerar que el incumplimiento de un horario rígido equivale en ciertos casos a baja o nula productividad pero es un error creer que es así en todos los casos.

En el caso que involucra al funcionario español y Karina Rodríguez la problemática tiene por lo menos tres dimensiones. La primera de ellas es la legal. En esta dimensión, por la información disponible hubo infracciones a las reglas establecidas, ya que las planillas presentadas no se correspondieron en todos los casos a la realidad de lo ocurrido.

La segunda dimensión tiene que ver con la efectividad de la gestión. En este ámbito las informaciones son contradictorias. Se alega que el desempeño y la contribución del funcionario español han sido significativas, pero no se ofrecieron pruebas contundentes, ya que se han hecho referencias a la productividad del equipo de Avanza País, pero no se han ofrecido informaciones sobre la contribución específica de este consultor. Los que critican sin embargo, tampoco ofrecen pruebas de su falta de productividad, limitándose a enfatizar la falta de asistencia regular.

La tercera dimensión es moral y se puede ilustrar con este caso hipotético, pero realmente frecuente en la administración pública: ¿como el directivo público maneja la situación de un funcionario con alta productividad y cuya contribución es fundamental para la institución pública, pero que no cumple estrictamente con las normas legales de asistencia que son rígidas? ¿Es moralmente cuestionable, que se falseen ciertos datos de asistencia a fin de preservar la permanencia del funcionario clave en la institución?

Se deben poner dos bienes en la balanza: por un lado el respeto a la ley y por otro la efectividad de la institución en el logro de sus objetivos institucionales. No es moralmente cuestionable, o por lo menos es discutible, el accionar de un directivo publico que privilegia el logro de los objetivos de la institución y el servicio que presta a la ciudadanía por encima de ciertos preceptos legales. Al priorizar el derecho de los ciudadanos a recibir los bienes públicos financiados con los recursos de los contribuyentes por encima de la obligación de los funcionarios de respetar todas las normas legales, estaría dando preferencia a bien público de mayor importancia.

En definitiva, el caso en cuestión amerita una investigación para realmente llegar a una conclusión y determinar si el desempeño del funcionario español es condenable desde el punto de vista moral y si constituye un uso ineficiente de los recursos públicos, con la salvedad de que la carga de la prueba corresponde principalmente a los funcionarios que deben dar una explicación mas amplia de las dudas que se han suscitado. No se trata de una visión de derecha o de izquierda, sino de hacer un análisis objetivo de las múltiples dimensiones del problema.

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