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¿Puede darse el caso de que encuestas con resultados significativamente diferentes puedan haber sido realizadas honestamente y con la metodología e implementación correctas? Sí, es posible.

Es importante llevar en cuenta que hay por lo menos tres situaciones que pueden explicar esos resultados diferentes. La primera sería que las empresas encuestadoras maquillan los resultados para favorecer a un candidato.

Pero hay otras explicaciones posibles. La segunda es que hay problemas de diseño e implementación. Hay una serie de situaciones que se presentan que deben ser atendidas y que generalmente son resueltas de manera diferente por cada empresa encuestadora y son susceptibles de generar errores.

Citamos solo algunos a titulo ilustrativo. Hay personas seleccionadas en la muestra que se niegan a responder y que deben ser substituidas, pero en la medida en que esas personas que se niegan a responder se concentran en un segmento con una preferencia determinada la substitución puede distorsionar el resultado; la probabilidad de que el elector vote el día de las elecciones varía de un elector a otro y puede implicar un problema darle el mismo peso a todos, y finalmente, siempre a título ilustrativo, los electores pueden no expresar con sinceridad sus preferencias y esa tendencia al ocultamiento puede ser mayor entre los que tienen inclinación a votar en un candidato determinado. En líneas generales, no hay una ciencia exacta de cómo resolver este tipo de problemas.

Pero hay que tener en cuenta, que mismo que podamos suponer mágicamente que esos errores de diseño e implementación son inexistentes en cuatro encuestas, aun así pueden arrojar resultados significativamente diferentes.

La encuesta tiene una base probabilística. Cuando una encuesta tiene un nivel de confianza de 95% significa que de cada 100 encuestas, cada una por ejemplo con 1.400 encuestados, 95 arrojaran un resultado dentro de un cierto rango de error del valor verdadero, pero 5 darán resultados totalmente diferentes, muy alejados de aquel rango. O sea 95 serán confiables y 5 no. Da un grado de seguridad razonable que de veinte encuestas solo una sería fallida. Esto se basa en una teoría estadística universalmente aceptada, que se llama teorema del límite central, de fácil comprobación, y que permite conocer la opinión por ejemplo de 200.000 electores, entrevistando a un reducido grupo, por ejemplo de 1.400, con las limitaciones mencionadas.

El problema es que cuando se hace UNA SOLA encuesta o unas pocas encuestas no se sabe si pertenecen al grupo de 95% o al grupo del 5%. Se necesitaría realizar 100 encuestas para que tengamos confianza en el resultado pero esto es imposible por razones de costo. Por este motivo necesariamente debemos convivir con la incertidumbre en relación a cuales son las preferencias verdaderas de la población, y valorar los resultados de la encuesta dentro de esas limitaciones y en el marco de esa incertidumbre.

Lamentablemente, no se educa a la opinión pública en el entendimiento de este tema y a veces alentada por los mismos encuestadores y por medios de comunicación, es inducida a creer que la encuesta debería ser infalible.

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