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No sería incorrecto conmemorar el día de los niños en el aniversario de la batalla de Acosta Ñu, si fuese para nunca olvidar una tragedia en la que tuvo la responsabilidad directa y principal el gobierno del Paraguay, aunque también hubieron responsabilidades atribuibles a los aliados.

La utilización de niños como soldados en la guerra es considerada un crimen de guerra de acuerdo al estatuto que crea la Corte Penal Internacional, ratificado por el Paraguay en 2001. Igualmente había sido prohibida por la Convención Internacional de los Derechos del Niño y las convenciones sobre guerra de Génova también ratificadas por el Paraguay. La prohibición rige para menores de 18 años.

La incorporación de niños a las fuerzas militares en la Guerra del Paraguay en términos contemporáneos constituye un crimen de guerra, y los gobernantes con responsabilidad directa en esa decisión serían hoy juzgados individualmente por la Corte Penal Internacional. El hecho de que no hubiera todavía en aquella época una legislación al respecto no disminuye su gravedad, de la misma manera que el hecho de que la esclavitud era admitida en otras épocas no la hace menos condenable, aunque permite la comprensión del contexto histórico en que el fenómeno se ha dado.

La responsabilidad del gobierno de Paraguay de la época en alistar niños al ejército es inequívoca y contundente. ¿Pero cual fue la responsabilidad de los aliados?

Los niños son inocentes porque no son moralmente responsables de sus actos por su inmadurez. No son pasibles de ataque bajo el concepto de legítima defensa, porque no han cometido una agresión de la que son moralmente responsables. Sin embargo, un ejército podría justificar la agresión a niños soldados bajo un concepto de necesidad, en el supuesto de que este ejército defienda una causa justa.

A modo ilustrativo: el 6 de Junio de 1944, el día D, se produjo el desembarco en Normandía. La División Panzer integrada por la Juventud Hitleriana, con niños de 16 años y menos, se enfrentó con bravura, causando sorpresa y admiración en las tropas americanas y canadienses. Estos niños soldados no eran moralmente responsables, pero podían ser atacados, bajo el concepto de mal menor, para evitar el triunfo de la causa injusta del gobierno que los lideraba.

Otra manera de analizar el tema es considerar que los niños tienen algún grado de responsabilidad. Aunque significativamente menos que los adultos, no puede considerarse que estén totalmente exentos de capacidad de juicio moral. En este caso, los combatientes de una causa justa no podrían sacrificar su vida para salvar la vida de los niños, en la medida en que estos tienen, algún grado de responsabilidad por pequeño que sea.

Estas consideraciones sobre el grado de responsabilidad de los niños soldados, implica que los combatientes, si bien no pueden sacrificar su vida, para salvar la de los niños, deben tratar de lograr su objetivo militar tratando de infligir el menor daño posible. Ese criterio y esa moderación habrían estado ausentes en los ejércitos aliados según la descripción histórica de la batalla y de sus momentos finales.

Finalmente, debe considerarse que la moralidad de la guerra, permite solamente a los combatientes que tengan una causa justa matar al soldado enemigo, sin que esto sea considerado un crimen. Ninguna muerte por parte de combatientes injustos está justificada, sea de civiles, soldados o niños soldados. Desde esta esta perspectiva, en la medida en que los aliados no tenían una causa justa no estaba justificada la muerte de niños soldados y la de ningún paraguayo en el conflicto bélico. Ver: La justificación moral en los orígenes de la guerra del Paraguayhttp://bit.ly/1KDDCWv
Foto: niño soldado hitleriano preso por los aliados en 1945.

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