PAPAEn estos días marcados por la visita papal, ha habido referencias a ateos y gays, y su relación con el catolicismo, observándose en algunos casos una actitud de cierta intolerancia, de contramano a la política que el Papa y por lo menos algunos sectores del Vaticano promueven.

En el mes de marzo de este año, diversas instituciones vinculadas al Vaticano,entre ellas el Consejo de Investigación de Valores y Filosofía, organizaron un seminario en Roma denominado Renovar la Iglesia en la Era Secular, del que participaron prominentes filósofos, que se han ocupado del catolicismo, como Charles Taylor y José Casanova.

Gran parte del debate se centró en cual debería ser la postura de la Iglesia en una era de secularismo y pluralismo.
En esta época se constata que existe un gran riqueza espiritual, más allá de las fronteras de los que profesan la forma tradicional de catolicismo, en todos aquellos que buscan un sentido y significado a la vida, verdad, belleza y justicia, los llamados “buscadores”, pero que lo hacen de una manera diferente, con otros valores y creencias

Existe, sin embargo un abismo difícil de resolver entre ambos sectores, los que profesan la religiosidad tradicional y los buscadores, debido a que los católicos han tenido una falta de apertura, y se han focalizado en cuestiones morales muy puntuales, como aquellos relacionados a género y sexo, como definitorios del ser católico,

Los que sostienen una política de apertura consideran que los católicos no deberían comportarse como dueños arrogantes de la verdad sino involucrarse en la búsqueda con los buscadores. Dios también está en los que están en esa búsqueda, argumentan. Y la Iglesia debe acercarse a ellos.

El Papa Francisco es impulsor de este enfoque. Considera que Jesús llama a los católicos a salir al mundo exterior, más allá de la religiosidad católica tradicional, y promover una Iglesia de puertas abiertas.

Esto explica el diálogo con los ateos, con eventos como los organizados por el “Atrio de los Gentiles” en Roma entre creyentes y no creyentes, así como la actitud mucho más abierta del Papa, en relación a gays y lesbianas. Esta apertura es el desafío que los católicos deben enfrentar.

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