CHARLIE HEBDO IIILa libertad de expresión es fundamental y es uno de los pilares del sistema democrático.  Haciendo uso de esa libertad también podemos criticar la política de medios de comunicación como Charlie Hebdo que se burlan y menosprecian las creencias básicas de los ciudadanos como son sus creencias religiosas, sin que esta crítica implique dejar de condenar sin atenuantes el asesinato del staff de la revista Charlie Hebdo. Tampoco significa dejar de condenar los fundamentalismos autoritarios y teocráticos que pretenden gobernar la sociedad en base a las reglas de una religión determinada  y bajo la autoridad de líderes religiosos.

El propósito de esta nota es llamar la atención sobre la complejidad de la problemática religiosa y las distintas estrategias para abordarla, y la importancia del respeto entre los distintos actores que pueden intervenir para diseñar una solución. Si los ciudadanos son religiosos, y los ciudadanos deben participar del proceso democrático, no se puede marginalizar a las religiones de los procesos políticos.La libertad de expresión es fundamental y es uno de los pilares del sistema democrático.  Haciendo uso de esa libertad también podemos criticar la política de medios de comunicación como Charlie Hebdo que se burlan y menosprecian las creencias básicas de los ciudadanos como son sus creencias religiosas, sin que esta crítica implique dejar de condenar sin atenuantes el asesinato del staff de la revista Charlie Hebdo. Tampoco significa dejar de condenar los fundamentalismos autoritarios y teocráticos que pretenden gobernar la sociedad en base a las reglas de una religión determinada  y bajo la autoridad de líderes religiosos.

La libertad de expresión es fundamental y es uno de los pilares del sistema democrático.  Haciendo uso de esa libertad también podemos criticar la política de medios de comunicación como Charlie Hebdo que se burlan y menosprecian las creencias básicas de los ciudadanos como son sus creencias religiosas, sin que esta crítica implique dejar de condenar sin atenuantes el asesinato del staff de la revista Charlie Hebdo. Tampoco significa dejar de condenar los fundamentalismos autoritarios y teocráticos que pretenden gobernar la sociedad en base a las reglas de una religión determinada  y bajo la autoridad de líderes religiosos. El propósito de esta nota es llamar la atención sobre la complejidad de la problemática religiosa y las distintas estrategias para abordarla, y la importancia del respeto entre los distintos actores que pueden intervenir para diseñar una solución. Si los ciudadanos son religiosos, y los ciudadanos deben participar del proceso democrático, no se puede marginalizar a las religiones de los procesos políticos.

 Declinación de las religiones?

Hasta hace dos décadas atrás predominaba la tesis del avance de la secularización que conlleva la retirada de la religión de la vida pública y la declinación de la fe y de las prácticas religiosas. La secularización era considerada como un producto de la modernización: el crecimiento económico, el creciente rol de la ciencia y la tecnología, el aumento del nivel de vida y la urbanización entre muchos otros factores, se consideraba que empujaban la humanidad hacia una creciente secularización.

Sin embargo, se ha demostrado en las últimas décadas que la modernización no necesariamente conlleva una declinación de las religiones.  Existen países de acelerada modernización, en los que las creencias religiosas se mantienen elevadas. Según el Índice Global de Religiosidad y Ateísmo, una encuesta realizada en 2014 por Gallup en 57 países, en Brasil un 85% de las personas se consideran religiosas mientras que en la India un 81% y en Italia un 73%. El Japón es un uno de los países más bajos en religiosidad: 62% se consideran no religiosos o ateos, frente a solo 16% que se consideran religiosos. Esto demuestra que la modernización adopta distintas formas y que la declinación de la religión no es un componente necesario de la modernización.

 Relación iglesia-estado

La segunda dimensión de la secularización, que es el cese de la influencia de las religiones en la vida pública, también ha adquirido diversas formas.

Cuando una religión pretende tener el monopolio de la verdad y no tolera que existan otras creencias, existe un peligro real para la libertad de expresión religiosa de las minorías y para la existencia de un estado democrático, en la medida en que la autoridad religiosa es la  que conduce la sociedad – como en el califato- y no los gobernantes electos por los ciudadanos. Esta actitud intolerante caracterizó a las Cruzadas, y actualmente a los fundamentalismos islámicos.

Pero la relación Iglesia-Estado puede adquirir diversas formas, y no necesariamente debe adoptar la forma de una separación estricta entre Iglesia y Estado. Hay países democráticos, como Inglaterra y los países escandinavos –Noruega, Dinamarca, Holanda- en la que el estado adopta una religión particular como oficial.  En Inglaterra, los obispos son finalmente designados por el primer ministro y la reina. Pero esta falta de separación clara entre Iglesia y Estado no ha sido un obstáculo para la consolidación de la democracia.

La solución a esta problemática requiere la participación de diversos actores, incluyendo los religiosos, con puntos de vista frecuentemente opuestos, para lo cual es necesario generar un clima de respeto entre las partes que permita encontrar soluciones que sean consistentes con el sistema democrático y que al mismo tiempo salvaguarden los intereses fundamentales de los actores religiosos. Los medios de comunicación que se burlan de las religiones no contribuyen a este proceso.

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