Francisco_solano_lopez_in_France

El gobierno de López inició la guerra con Brasil y Argentina, para prevenir los efectos que tendría la ruptura del equilibrio entra los estados de la región, que se habría producido con la invasión del Brasil al Uruguay. En este sentido no fue una respuesta a una amenaza inminente del Brasil, sino a una amenaza potencial que todavía no se había plasmado en acciones concretas por parte de los países vecinos.

Las guerras preventivas con frecuencia no están justificadas moralmente porque son una respuesta a un comportamiento esperado de otro país o actor que todavía no se ha concretado y que puede además basarse en suposiciones falsas. Ha sido el caso de la guerra preventiva de Estados Unidos contra Irak, en que la amenaza puesta por Irak no se confirmó al comprobarse que no poseía las armas de destrucción masiva que se le atribuía y por lo tanto no estaba justificada la guerra preventiva.

Para que pueda justificarse una guerra el potencial enemigo debe ser responsable de una acción o amenaza por la cual merezca ser atacado. Nadie puede ser atacado sin que haya una razón válida. El derecho a matar que tienen los estados en guerra, para que sea consistente con principios morales, solo puede darse cuando se cumplen una serie de condiciones, ya que implica la pérdida del derecho a la vida de las personas.

En el caso de la guerra preventiva, Michael Walzer, considera que tiene que darse contra quien genera lo que denomina una “amenaza suficiente”, que significa una intención manifiesta de atacar, un cierto grado de preparación efectiva para atacar, y que la espera en atacar al agente amenazante puede implicar grandes riesgos. Además, debe ser el último recurso, agotada todas las demás posibilidades.

El tratado de la triple alianza evidentemente podría constituir una causa justificada de guerra pero fue firmado con posterioridad a la declaración de guerra por Paraguay a Brasil y Argentina. Algunos historiadores afirman que hubieron conversaciones y acuerdos previos que antecedieron a la firma del tratado, algunos meses antes de la declaración de guerra, pero mismo que hayan existido, no eran conocidas por el Paraguay, y aunque hayan sido conocidas no configuraban todavía el cuadro de amenaza suficiente como para justificar una guerra.

La alegada ruptura del equilibrio entre los países de la región, inspirada en las teorías de balance de poder, en boga en Europa en ese entonces, no implicaba una amenaza de agresión inminente ni suficiente.  El rol que se le atribuye al imperialismo inglés como instigador de la guerra, no ha encontrado sustento en las investigaciones rigurosas realizadas por Herken Krauer en archivos británicos.

Las teorías morales y las convenciones internacionales permiten matar en la guerra. Es una situación en que el asesinato está legalizado. Pero para que sea moralmente válida debe ser una guerra justa. Cientos de miles de paraguayos, brasileños y argentinos perdieron la vida injustamente en esa guerra injusta e injustificada.

Si hoy nos conmueve con razón la situación planteada por la muerte de inocentes en el conflicto armado en el norte del país, que merece un análisis aparte en cuanto a su justificación, no podemos justificar la pérdida de miles de vidas inocentes en la guerra del 70.  (Foto: Francisco Solano Lopez presenciando las maniobras de las tropas francesas. En: Baptista, Fernando. Elysa Lynch, mujer de mundo y de guerra. Asunción: Emecé, 1987)

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