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La religión islámica no necesariamente está asociada a regímenes autoritarios.  Indonesia, país de mayoría musulmana con 237 millones de habitantes, ha sido calificada como democracia de acuerdo varios índices internacionales de medición de los sistemas políticos. El índice de The Economist Intelligence Unit por ejemplo, le ubica a nivel mundial en la posición número 54, por encima de Paraguay que está ubicado en la posición número 70.

En la India existen 160 millones de musulmanes, una de las mayores concentraciones poblacionales de seguidores de la religión islámica. De acuerdo a encuestas realizadas, cuando mayor la intensidad de las prácticas religiosas entre los musulmanes, mayor es su apoyo al sistema democrático. Considerando que se estima que existen alrededor de 1.000 millones de musulmanes a nivel mundial,  solo en esos dos países, vive un tercio de los musulmanes.

Túnez, país de mayoría musulmana, es el primer país árabe que transita hacia la democracia, con dos elecciones realizadas, en 2011 y 2014, en la última de las cuales triunfó un candidato de la oposición.

¿Cómo se ha logrado que los países de mayoría musulmana transiten a la democracia? Un principio fundamental es el respeto entre las posiciones de los religiosos y no religiosos, de tal modo que se acaten las reglas del sistema democrático, pero también se contemplen los intereses de los grupos religiosos, no solo en el ámbito de la sociedad civil, sino en el mismo sistema político, a través de partidos políticos de inspiración religiosa. El secularismo intransigente anti-clerical no colabora positivamente en este sentido.

Este contexto más amplio de la evolución de  las relaciones entre religiones,  estados y sociedad, es fundamental para entender cuáles son las políticas adecuadas para promover la adaptación de las religiones a los sistemas democráticos y evaluar la contribución de publicaciones como Charlie Hebdo. Los conflictos no resueltos entre estado, iglesia y sociedad, son un gran obstáculo para la construcción de la democracia y ambiente propicio para el crecimiento de los fundamentalismos autoritarios.

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