Charlie Hebdo

El asesinato de los periodistas de Charlie Hebdo ha generado una masiva protesta a nivel mundial contra el horrible crimen y en defensa de la libertad de expresión. La acción terrorista pretendió cercenar  la libertad de expresión de un medio de comunicación que expresa sus puntos de vista con sátiras de las religiones.

Sin embargo, el respeto a la libertad de expresión sin restricciones, inclusive de aquellos que se oponen a la libertad de expresión o cualesquiera sean sus creencias, no significa concordar o reconocer el valor de esas opiniones o creencias.  Las expresiones del semanario Charlie Hebdo en ese sentido no son necesariamente positivas.

Estamos viviendo en un mundo en el que las religiones han demostrado una extraordinaria vigencia, desafiando los principios del iluminismo. La adaptación de las religiones al sistema democrático ha sido lenta y ha involucrado compromisos y concesiones recíprocos del estado y de las iglesias. Ha sido así con la Iglesia Católica, que inició ese proceso después del concilio Vaticano II como también con los países de mayoría mulsumana que hoy son democráticos.

Estos procesos de adaptación requieren una política de tolerancia y respeto hacia las religiones, de tal modo que puedan acomodar sus intereses y sobrevivir en el sistema democrático. La política de Charlie Hebdo no ayuda a crear ese clima de tolerancia y respeto necesario para conciliar las religiones con la democracia, particularmente en un país como Francia donde ha surgido y crece una importante minoría de ciudadanos de religión islámica.

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