La democracia tuvo su primer florecimiento hace 2.500 años en Grecia, pero después pasó por un largo período de descalificación, que comenzó a revertirse hace poco más de 200 años con las revoluciones americana y francesa.

En las últimas décadas, después de la tercera ola de democratización, la democracia conquistó un consenso sin precedentes, al punto de que hoy es considerado como un derecho fundamental de los pueblos que ningún gobierno puede desconocer.

Los acontecimientos del 22 de junio de 2012 en Paraguay, son un reflejo de este fenómeno. La comunidad internacional de forma unánime, en distintos tonos, más suaves o más enérgicos, repudió la ruptura del proceso democrático. Algunos compatriotas se han sentido ofendidos en su orgullo nacional por este repudio de la comunidad internacional considerando que es una agresión al Paraguay.

Sería como si los alemanes, salvando las distancias y diferencias, se sintiesen ofendidos por el repudió que generó el régimen hitleriano, que lamentablemente no fue lo suficientemente enérgico y unánime en aquella época para frenar la barbarie nazista. Felizmente hoy los alemanes, reconocen y repudian el régimen nazista de la misma forma que toda la comunidad internacional, y no consideran que los errores cometidos por algunos de sus compatriotas y el consecuente repudio constituyan una ofensa a la nación alemana.  Lo mismo ha ocurrido con la dictadura stronista y también lamentablemente el repudio no fue suficientemente generalizado, pero hoy ningún paraguayo se siente ofendido por el cuestionamiento internacional del régimen stronista.

Lo que  ocurrió en Paraguay el 22 de junio fue una ruptura del proceso democrático y debemos sentirnos orgullosos como género humano, que no estamos solos cuando un derecho fundamental de los pueblos, y en este caso un derecho fundamental de los paraguayos, es vulnerado.

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